CRECER JUGANDO
No hay duda de que el juego es la actividad infantil por excelencia. El niño se siente espontáneo, libre y puede imaginar ser lo que él desee en cualquier instante. ¿Pero les dejamos tiempo para jugar? ¿Jugamos con ellos?

Jugar es fundamental para el desarrollo físico, intelectual, emocional y social en todas las edades. Con el juego y con sus experiencias van formando su personalidad.

Desde muy pequeños los niños entran en contacto con el mundo a través del juego, practicando y mejorando sus habilidades. Encuentran satisfacción a sus necesidades emocionales, su curiosidad, experimentan y desarrollan la creatividad.

Con todas estas afirmaciones tendríamos que ser muy conscientes de la importancia del juego, de saber aprovechar los momentos en que estamos con nuestros hijos. A menudo nos piden compartir y los padres siempre tenemos algo “más importante” que hacer. Cuando se encuentra un tiempo y un espacio para relacionarnos de forma agradable y educativa, estamos aumentando la calidad en las relaciones familiares, que posiblemente cuando sean mayores perdurarán.

Montar un coche, construir un castillo, invertir los papeles jugando a “papás y mamás”. Estamos compartiendo tiempo, alegría, valores, compañía.

Cuando hablamos de jugar no estamos recomendando ningún juguete en concreto. A menudo oímos “ha jugado más con el envoltorio que con el juguete”. Evidentemente, si dejamos volar la imaginación aquella caja puede ser el castillo y el papel de regalo una magnífica pelota. Estaremos fomentando la creatividad que nos mueve a crecer, pensar y sentirnos satisfechos.

El entorno del juego ayuda a entender el funcionamiento de muchos aspectos de la vida:

· El esfuerzo para que quede bien montado el castillo.
· Empezar y acabar una partida.
· Saber esperar su turno.
· El éxito de ganar, el fracaso de perder.
· La curiosidad del montaje de una moto.
· Respetar unas normas.

Muchos de los valores que deseamos para nuestros hijos, se pueden aprender compartiendo con nosotros estos maravillosos momentos. Dejando volar la imaginación, les estaremos ayudando a construir su personalidad y quizás nosotros recuperemos un poco aquella espontaneidad natural de la infancia.